Los hermanos José y Leo, de 10 y 12 años, fueron hallados sin vida este jueves en el paraje Palermo Aike, provincia de Santa Cruz, cinco días después de que la corriente del río Gallegos los arrastrara mientras jugaban junto a sus hermanos adolescentes.
El Gobierno provincial confirmó el descubrimiento durante un operativo que reunió fuerzas de seguridad, buzos, drones y equipos sanitarios para localizar a los niños desaparecidos desde la tarde del 25 de octubre.
Los cuerpos fueron divisados desde un helicóptero durante sobrevuelos en el sector de La Toma, cerca de la Ruta Nacional 40. El primer avistamiento ocurrió en Palermo Aike y el segundo, horas más tarde, en las inmediaciones de un puente, informó la agencia Noticias Argentinas.
La búsqueda había concentrado sus recursos en un área de 40 por 40 metros, marcada por perros especializados y coincidente con el relato de uno de los adolescentes que acompañaba a los hermanos. El sector presentaba pozones de hasta siete metros de profundidad, depresiones abruptas del lecho del río que dificultaban las inmersiones y exponían a los rescatistas a la fuerza de la corriente.
Personal de salud y profesionales de la psicología permanecen junto a los familiares para brindar contención tras el hallazgo. Durante los días de búsqueda también participaron equipos de Abordaje Territorial del Ministerio de Salud y Desarrollo Social, médicos de Prefectura y efectivos de Gendarmería Nacional.
El padre de los niños sufrió una descompensación durante una de las noches del operativo, recibió suero y luego regresó al lugar de búsqueda. La madre también recibió atención médica, según había contado el abuelo de los chicos.
José y Leo jugaban en el Club Talleres de Río Gallegos y habían salido campeones en sus respectivas categorías dos semanas antes de desaparecer. Esa actuación les había abierto la posibilidad de viajar a Comodoro Rivadavia para realizar una prueba en un club de fútbol.
"Hoy tenían una propuesta de Comodoro para poder ir a hacer su prueba", relató su abuelo a medios locales. La familia buscaba reunir dinero para afrontar el viaje, mientras el club era uno de los espacios centrales en la rutina de los hermanos.
José y Leo habían ingresado al agua junto a dos hermanos de 14 y 15 años. Los cuatro nadaron hasta una formación de tierra situada en medio del río, pero una crecida repentina los sorprendió cuando intentaban volver a la orilla.
El llamado al 911 por el extravío ingresó cerca de las 16. Según las primeras averiguaciones, los adolescentes dejaron de ver a los niños mientras jugaban en el cauce, en el punto conocido como La Toma.
Unos 120 efectivos de la Policía de Santa Cruz, la Prefectura Naval Argentina y la Gendarmería Nacional participaron en los rastrillajes. El despliegue incorporó drones, cámaras, ecosondas, recorridas por las dos márgenes del río e inspecciones subacuáticas en los sectores donde se acumulaban los indicios.
Pedro Luxen, jefe de Gabinete de Ministros de Santa Cruz, explicó que las señales obtenidas por los canes y el trabajo territorial con uno de los menores habían permitido redefinir el operativo. "Hay una pista. Está el punto cero del trabajo de los buzos. La huella la identificó el trabajo de canes y hubo un trabajo territorial con uno de los menores que acompañaba a los chicos", afirmó a Radio Mitre.
El comisario mayor Luis Alberto Poblete, jefe del Departamento del Delito Organizado Zona Sur, indicó que los dispositivos aéreos permitían "marcar un georreferenciamiento del lugar y sectorizar también las zonas". La fuerza contaba con tres drones capaces de filmar, tomar fotografías y aportar coordenadas para guiar a los rescatistas en áreas de acceso complejo.
Las condiciones meteorológicas afectaron el operativo. El jefe de Policía de Santa Cruz, comisario general Diego Agüero, había explicado que las tormentas, las lluvias intensas y los rayos obligaron a suspender de manera temporal algunas inmersiones.
Los investigadores consideraban menos probable que los niños estuvieran río arriba, donde no se habían detectado cavidades de profundidad similar. La presencia de los pozones hacía que una persona pudiera perder pie de forma repentina y quedar expuesta al caudal.